sábado, 11 de diciembre de 2010

Cap. Sexto. Un día para cantar feliz cumple.

Últimamente me estaba juntando más con Nicolás, era un chico agradable. Nos reíamos mucho.

De a poco dejó de gustarme Franco, no por algo en especial, si no por que dejé de estar al tanto de él. Es más, me parecía ridículo que había soñado tanto con él.

Cuando llegó el sábado, para hablar con la mai, ya no tenia nada para contarle, ya había resuelto mis problemas.

Así que cuando vino, le conté todo lo que había pasado esa semana.

- ¿Así que no te gusta más ese mamerto? – preguntó cuando termine de contarle todo.

- No, ya fue, es un idiota- me reí, como no me había dado cuenta antes-. Ahora estoy juntándome con unos amigos…, y las chicas- las agregue a ellas, para que no empezara a preguntarme si tenía un nuevo amorío.

20 de Abril. 15:58 P. m.

Hacia tiempo no escribía.

No hacía falta, no tenía, ni tengo, muchas novedades.

Faltan diez días para el cumple de Megara, y tenemos pensado hacerle una fiesta sorpresa en mi casa. No tenemos nada ideado, y creo que ya sospecha, pero mejor no arruinarlo y darle un lindo regalito.

Me voy a estudiar matemática, mañana de vuelta prueba (en la última me saqué seis).

Hoy, sábado, es la fiesta de Meg, y ella va a venir a “quedarse a dormir” en mi casa.

Supuestamente, tenía que venir a las ocho, pero dijo que venia a las seis, entonces nos apuramos por que si no, no llegábamos a arreglar todo.

Terminamos a las cuatro, por suerte. Me metí a bañar, y me cambié.

Me puse un short negro y rosa, con una remera rosa a tono con las zapatillas y el pantalón. Me pinté, un poco de más, ya que estaba estrenando una cajita de pinturas de colores, y me emocioné. Igual, me había quedado bien, estaba combinada.

Cinco y cuarto, fui a comprar las bebidas, las papas fritas y esas cosas, para la picada.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cap. Quinto. Perfecto

Pero tuve que esperar al siguiente sábado, por que ella estaba de viaje.

La semana paso despacio, tuve dos pruebas de matemática y de lengua, en la primera no sé si me fue bien, pero en lengua si.

Teníamos que escribir una pequeña historia, de a dos, y yo había elegido a Aria.

Escribimos sobre nuestro chico perfecto.

Era más o menos así:

“A los pocos días de comenzar agosto, me mudé con mi padre, Marcelo.

Mientras iba en el auto, el horizonte gris con un pequeño tono rosa me recordaba mi niñez.

Mi padre; un hombre alto, pálido, un poco robusto aunque tenia apariencia de no haber comido en días tenía una serenidad ejemplar.

Hacía años que no lo visitaba; habíamos tenido un pelea muy fuerte, pero estuvo contento cuando supo que iba a visitarlo.

El motivo; mi madre iría de viaje por trabajo.

Los Antiguos, en Calafate, era un pequeño pueblo con poca población, aunque los días de feria venían muchos turistas a ver las manualidades; entonces era intransitable.

Esa misma noche mientras deshacía mis valijas me tumbé en la cama. Sin darme cuenta me quedé dormida.

Estaba en un bosque, pero no estaba sola. Sentía una mirada clavada en mí. Y de la nada surgió un espejo grande con marco dorado y detalles de flores.

Me vi reflejada con un muchacho rubio de ojos color miel, alto; me abrazaba contra su piel fría.

Desperté, era solo un hermoso sueño.

Acababa de amanecer; el cielo mostraba un color anaranjado con nubes rosas.

Esa mañana salí a barrer la vereda; de repente una leve brisa con un aroma embriagador me dio escalofríos; giré y lo vi.

El chico de mis sueños.”

Era lo mas lindo que habíamos escrito jamás, había quedado tan satisfecha cuando lo entregamos, que nos teníamos fe.